martes, 10 de abril de 2012

Terraformación de Marte

¿Sería posible terraformar Marte? La ciencia ha dado una respuesta, y es, al parecer, que sí.

Por terraformación entendemos el proceso de transformación de un planeta o mundo cuyas condiciones no sean aptas para la vida tal y como la conocemos a otro en que sí lo sean. En principio, puede aplicarse a multitud de mundos, pero el objetivo es: Marte.

Desde hace unos años los científicos, escritores, etc. se hacen preguntas en cuanto a la terraformación de Marte, o de otros mundos. De llegar a alcanzar este poder, se habilitaría la vía de escape de la Tierra, si llegara el caso de que la humanidad hubiese de emigrar "cósmicamente", y no sería imprescindible hallar un planeta con condiciones de habitabilidad buenas. Podríamos transformarlo.

Pero naturalmente, hay una trampa en todo esto. Y es que terraformar Marte, u otro mundo, no es algo sencillo ni rápido. Es un proceso que llevaría milenios. Al menos, con el estado de conocimientos actual. A modo de ejemplo, centrémonos en Marte. En primer lugar, habría que incrementar drásticamente la cantidad de oxígeno en su atmósfera para hacerla respirable. La atmósfera marciana es rica en CO2, pero escasa en oxígeno. En segundo lugar, habría que lograr agua en estado líquido. Hay bastante controversia a este respecto. Puede estar contenida en los casquetes polares, pero también podría venir de un nuevo cielo rico en oxígeno y dinámico, con formación de nubes que podrían generar precipitaciones. En tercer lugar, habría que cubrir el planeta de un dosel de vegetación que contribuyera a mantener la nueva atmósfera, nutriéndose del ciclo del agua creado. Y esto ya se parecería a la Tierra. Aunque miles y miles de años después de empezar.

Además de Marte, Venus, Mercurio, la Luna, Europa, Ganímedes, Calisto, Encélado, Titán o Ceres son candidatos para terraformación, cada uno con unos particulares desafíos teóricos. Por ahora, en la imaginación y el sueño.

Saludos.


jueves, 29 de marzo de 2012

El límite K-T

Las extinciones masivas de especies han sido relativamente frecuentes a lo largo de la historia de la Tierra. Bien sea por causas propias de nuestro planeta, bien por causas externas, cada cierto número de miles o millones de años la vida en la Tierra se pone a prueba de forma global. Después, nos quedan huellas, testimonios, de tales acontecimientos. 

Aunque no la mayor, de todas las extinciones la más conocida es la de los dinosaurios, entre los períodos Cretácico y Terciario. La teoría avalada que explica el final de los grandes saurios es el choque de un gran meteorito en lo que hoy es, aproximadamente, la península del Yucatán. La huella de aquel impacto es un estrato conocido como límite K-T (siglas que vienen de Cretácico y Terciario en alemán). Por debajo de él se encuentran restos fósiles de dinosaurios. Por encima, ninguno. Además, la presencia de iridio es abundante en él, y el iridio es un elemento escaso en la Tierra, pero frecuente en los meteoritos. ¿Es la prueba fehaciente de la hipótesis del gran impacto?

El límite K-T se encuentra por toda la Tierra. Los estudios más recientes revelan una sorpresa a mayores. Y es que las mediciones muestran, a partir del hallazgo del límite K-T, que la extinción se produjo no hace 65 millones de años, como se creía, sino más bien hace unos 66 millones. Millón de años arriba o abajo puede no ser demasiado para el universo, pero la ciencia trata de ser lo más exacta posible. Y hay más sorpresas: la extinción masiva no fue tan masiva. Sabido es que incipientes mamíferos lograron abrirse camino, así como otras criaturas; y, según descubrimientos recientes, alguna especie de dinosaurio pudo sobrevivir hasta 700.000 años después del cataclismo, lo cual llevaría a replantearse, al menos en parte, las teorías. Pero por ahora el límite K-T permanece como marca indeleble de un desafío total para la vida, al que no todos lograron adaptarse.

Saludos de medianoche.

jueves, 22 de marzo de 2012

Colisiones galácticas

El universo es un lugar despiadado. Resulta bello en su contemplación lejana, pero esa belleza esconde portentos y fenómenos que resultan cuando menos temibles. Las explosiones de rayos gamma, por ejemplo, son las emisiones de energía más poderosas que se conocen, asociadas a supernovas y otras evoluciones estelares. La Tierra está protegida, en cierta medida, de radiaciones de este tipo gracias a su campo electromagnético, siempre que no procedan de un lugar demasiado cercano. Y su atmośfera nos protege, hasta un punto, de otros fenómenos: las colisiones de asteroides.

Siempre que estos objetos sean "pequeños", probablemente se desintegrarán. Ocurre todos los días. Si son demasiado grandes (por ejemplo, un gran asteroide o un cometa), las probabilidades de cataclismo aumentan, como en el comienzo de la extinción de los dinosaurios.

Hay otros tipos de colisiones en el cosmos, y sin duda el más grande, ante el que la Tierra nada puede, es la colisión de galaxias. En efecto, se sabe que las galaxias, por interacción gravitacional, llegan a fundirse en un abrazo de dimensiones casi inconcebibles, entremezclando sus estrellas y nubes de polvo interestelar. Algo sin duda temible, y destino de la Vía Láctea y su galaxia vecina, Andrómeda, que chocarán dentro de unos 5000 millones de años. Más bien se tratará de una fusión, en la que miles de sistemas planetarios pueden desaparecer, y a la vez se formarán nuevas estrellas, por las combinaciones de gas y polvo interestelar. El resultado final será una galaxia única, a la que contribuirá más Andrómeda, por ser más grande. En todo caso, algo difícil de imaginar, y temible, sin duda. Aunque... pensándolo bien, tal vez no tanto. Los modelos muestran que los choques entre estrellas son relativamente escasos en estas colisiones galácticas, por las grandes distancias, y además, aún faltan 5000 millones de años...

Dejo un interesante enlace:

http://www.abc.es/20110530/ciencia/abci-ocurrira-nuestra-galaxia-cuando-201105300802.html

Saludos de medianoche.


sábado, 10 de marzo de 2012

Bellezas del universo

En la inmensidad del cosmos, el misterio y la belleza se dan la mano. Allá donde lo más sencillo es viajar con la imaginación, existen distintas entidades de extrema belleza, que dan color a la fría oscuridad del universo. Púlsares, cuásares, nebulosas, cúmulos estelares, galaxias de variadas formas son algunos de los más luminosos elementos que nuestros telescopios han ido descubriendo. Los púlsares son faros, estrellas de neutrones pulsantes que emiten poderosos campos electromagnéticos y ondas de radio. Los cuásares (fuentes de radio cuasi-estelares) son lejanas concentraciones lumínicas y emisoras de radiación electromagnética y ondas de radio; en su misterio, probablemente núcleos activos de galaxias jóvenes en formación asociados a agujeros negros. Los cúmulos estelares son bellas concentraciones de miles o millones de estrellas atraídas por su gravedad mutua, viejas en unos casos, jóvenes en otros (las Pléyades).

Las nebulosas son concentraciones de gas y polvo donde acontece la formación de estrellas, o bien los restos de alguna de estas en su final, bellos colores al telescopio y en la imaginación, como la Cabeza de Caballo

Conteniéndolo todo, las galaxias, esas visiones elípticas, espirales, barradas o irregulares que en una visión de conjunto del universo, si ello fuera posible, parecerían los componentes más elementales.  Pero hay más, mucho más, en su interior, mucha belleza y misterio. Desde una de ellas, la Vía Láctea, contemplamos el universo.

Saludos nocturnos pero luminosos.


jueves, 23 de febrero de 2012

Planeta azul, planeta verde

La Tierra. A pesar de su nombre, es un mundo de agua, azul, blanco también, por las nubes que jalonan su atmósfera, y también verde, por la vegetación que se extiende por prácticamente todos los lugares, y con especial incidencia en las zonas tropicales y boreales. Las malas prácticas de la humanidad ponen en peligro mares y océanos, y tampoco se libran las selvas y bosques, todo lo contrario. ¿Imaginamos un mundo sin vegetación? Sí podemos, pero no nos gustaría nada. Pensemos en Marte, por ejemplo. De cualquier forma, la deforestación es un hecho. Al parecer, avanzan los desiertos, retroceden los bosques, y nos fijamos sobre todo en el pulmón del mundo, la Amazonia. En África y el sureste asiático ya han desaparecido grandes extensiones de selva y jungla. En Brasil, la tala de arboles, la construcción de carreteras u otros factores hacen que el futuro sea sombrío. ¿Es el precio del progreso?

2011 fue el año internacional de los bosques. Que no sean un recuerdo del pasado o una visión de maquetas de museos es responsabilidad de todos. Así, la Tierra podrá seguir siendo el planeta azul y verde por muchos siglos y milenios.

Saludos.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Planetas terrestres

Con este nombre, en el Sistema Solar, se engloban los planetas más pequeños y cercanos al Sol, Mercurio, Venus, la Tierra y Marte. Terrestres porque sus características morfológicas son similares entre ellos y con nuestro mundo. No son gigantes gaseosos o mundos helados, sino cuerpos rocosos con una corteza y un núcleo definidos. Dejando aparte al menor, Mercurio, los otros tres, Venus, Tierra y Marte, poseen grandes semejanzas, pero también notables diferencias. Entonces, tan cercanos y tan lejanos. ¿Por qué?

Venus es casi un planeta gemelo, aunque solo en tamaño o composición, porque las altas concentraciones de dióxido de carbono de su atmósfera generan un enorme efecto invernadero, con temperaturas infernales y densas nubes, solo aptas para algunas sondas espaciales. Marte, por su parte, es de tamaño menor, un planeta rojizo, de grandes contrastes de temperatura entre el día y la noche y marcados accidentes geológicos.

Es probable que en algún momento de sus historias tanto Venus como Marte poseyeran agua, temperaturas más agraciadas y condiciones para albergar vida, si es que no la tuvieron de hecho. A día de hoy, nada queda de eso. Parecen ser mundos inhóspitos, sin presencia de organismos animales o vegetales, si bien la esperanza de encontrarlos no se pierde, particularmente en Marte. ¿Qué nos separó de ellos? Se manejan diversas teorías para ambos mundos: cambios drásticos en las atmósferas primigenias incompatibles con la vida, rotaciones planetarias que pierden dinamismo, cataclismos cósmicos... Lo cierto es que las semejanzas y diferencias entre Venus, Marte y la Tierra se dan a partes iguales, y os invito a conocerlas. Siempre sin perder de vista la gran diferencia, la que por ahora nos hace únicos en el Sistema Solar: la existencia de vida en la Tierra.

Un saludo.

lunes, 16 de enero de 2012

Evolución de la vida

Hace unos cuantos años ya (cómo pasa el tiempo), vi un documental en el que se planteaban posibles evoluciones para la vida en la Tierra. Normalmente, dedicados al fragor del día a día y a los asuntos "humanos", no alcanzamos a ver que la evolución sigue su camino, y que todas las especies, sin excepción, lo transitan. En el documental del que hablo se empleaba una buena dosis de imaginación, y aquí también puede hacerse ese ejercicio. ¿Qué animales y plantas poblarán nuestro mundo dentro de quinientos, mil, diez mil, cien mil o un millón de años? Realmente no hay límites para la imaginación, en combinación con los más sólidos fundamentos de la zoología, la botánica y la biología, entre otras ciencias.

La evolución que puedan tener las especies, tanto animales como vegetales, está en franca relación con el clima de cada momento geológico. Resulta evidente que las condiciones climáticas de cada lugar generan especies distintas, adaptadas, y cabe pensar, pues, que la evolución del clima pueda determinar, al menos en parte, qué características, qué aspecto, qué peculiaridades se manifiesten en las formas de vida del futuro. ¿Es posible una nueva era de los dinosaurios? ¿Se prolongará el triunfo de los mamíferos? ¿Cómo evolucionará la fisonomía del ser humano mismo? El cambio climático puede implicar, pues, cambios evolutivos, y solo poco a poco lo estamos comprendiendo. Qué grado de responsabilidad tendremos en la evolución de la vida es otra pregunta que, por ahora, queda abierta. Desde el optimismo, esperemos que aún haya deseos y capacidad para comprometerse con la Tierra.

Saludos de madrugada.