viernes, 27 de abril de 2012

Los desconocidos del Sistema Solar

De los cuatro gigantes gaseosos del Sistema Solar, Urano y Neptuno son los más desconocidos y lejanos. Son mundos helados, en cuyas atmósferas interviene el metano, que absorbe el color rojo, y es por ello que los telescopios y fotografías los captan en color azul, más oscuro en el caso de Neptuno por la mayor presencia de helio, que absorbe aún más el rojo.

Son, como casi siempre, mundos hermosos en la contemplación lejana, pero temibles en su realidad apenas comprendida. Urano, el tercer planeta más grande del Sistema Solar, está inclinado prácticamente de manera perpendicular a su órbita, de forma que los polos son los que reciben el mayor calor en su traslación de 84 años; calor que, por otra parte, no impide que su atmósfera sea la más fría del Sistema Solar, con una mínima de -224 ºC. Frío, muy frío, recorrido por terribles vientos de hasta 900 km/h, aunque nos compensa con hermosos anillos.

Neptuno es el más exterior de los gigantes gaseosos, el más lejano de los planetas, algo menor que su vecino Urano, y es un mundo dinámico, con manchas que recuerdan las tempestades de Júpiter, pero más intensas si cabe: los vientos más fuertes del Sistema Solar se dan aquí, hasta 2000 km/h. Estos vientos podrían tener origen en una fuente de calor interna, en el núcleo, y algunas hipótesis apuntan la idea de que se den las condiciones para que los átomos de carbono se combinen formando cristales, liberando calor en el proceso, que alimentaría dichas tormentas, y de forma que en Neptuno podrían llover diamantes, literalmente. Maravilloso, ¿no?

Ambos escoden sorpresas, como la inclinación del campo magnético en Urano o los tenues anillos de Neptuno. Mucho por conocer, aunque para la imaginación no hay barreras.

Saludos de medianoche.

martes, 10 de abril de 2012

Terraformación de Marte

¿Sería posible terraformar Marte? La ciencia ha dado una respuesta, y es, al parecer, que sí.

Por terraformación entendemos el proceso de transformación de un planeta o mundo cuyas condiciones no sean aptas para la vida tal y como la conocemos a otro en que sí lo sean. En principio, puede aplicarse a multitud de mundos, pero el objetivo es: Marte.

Desde hace unos años los científicos, escritores, etc. se hacen preguntas en cuanto a la terraformación de Marte, o de otros mundos. De llegar a alcanzar este poder, se habilitaría la vía de escape de la Tierra, si llegara el caso de que la humanidad hubiese de emigrar "cósmicamente", y no sería imprescindible hallar un planeta con condiciones de habitabilidad buenas. Podríamos transformarlo.

Pero naturalmente, hay una trampa en todo esto. Y es que terraformar Marte, u otro mundo, no es algo sencillo ni rápido. Es un proceso que llevaría milenios. Al menos, con el estado de conocimientos actual. A modo de ejemplo, centrémonos en Marte. En primer lugar, habría que incrementar drásticamente la cantidad de oxígeno en su atmósfera para hacerla respirable. La atmósfera marciana es rica en CO2, pero escasa en oxígeno. En segundo lugar, habría que lograr agua en estado líquido. Hay bastante controversia a este respecto. Puede estar contenida en los casquetes polares, pero también podría venir de un nuevo cielo rico en oxígeno y dinámico, con formación de nubes que podrían generar precipitaciones. En tercer lugar, habría que cubrir el planeta de un dosel de vegetación que contribuyera a mantener la nueva atmósfera, nutriéndose del ciclo del agua creado. Y esto ya se parecería a la Tierra. Aunque miles y miles de años después de empezar.

Además de Marte, Venus, Mercurio, la Luna, Europa, Ganímedes, Calisto, Encélado, Titán o Ceres son candidatos para terraformación, cada uno con unos particulares desafíos teóricos. Por ahora, en la imaginación y el sueño.

Saludos.